Psicoterapia · Suiza

Baja autoestima e inseguridad
cuando la voz más dura que escuchas es la tuya

No es falta de capacidad ni de logros. Es una forma de hablarte y de medirte que nunca da el trabajo por suficiente.

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Por Miguel Ángel del Pino · Psicólogo General Sanitario · Col. AO-10457 · Actualizado en octubre de 2026

¿Te reconoces en alguno de estos?

Si varios de estos puntos resuenan contigo, lo que describes tiene nombre — y tiene solución con el enfoque adecuado.

Te comparas constantemente con los demás, y casi siempre sales perdiendo.

Cuando algo sale bien lo atribuyes a la suerte; cuando sale mal, a ti.

Te cuesta decir que no, pedir lo que necesitas o dar tu opinión si puede incomodar.

En el trabajo temes que en algún momento «descubran» que no eres tan válido/a como parece.

Un error pequeño o una crítica te acompañan durante días.

Desde que vives en Suiza te sientes más inseguro/a que antes: empezar de cero te ha quitado suelo.

Lo que mantiene la inseguridad

Solemos hablar de la autoestima como si fuera una cantidad: se tiene mucha o poca, y la solución sería «subirla». En la práctica no funciona así. Lo que llamamos baja autoestima es, sobre todo, una forma aprendida de relacionarte contigo: evaluarte de manera constante, compararte y exigirte un nivel que no pedirías a nadie más.

El problema no es que aparezcan pensamientos como «no valgo» o «no estoy a la altura». Es tomarlos como hechos y organizar la vida alrededor de ellos: callar, no intentarlo, conformarse, pedir perdón por adelantado.

Desde las terapias contextuales nos fijamos en lo que haces para no sentir esa inseguridad. Lo más habitual es evitar —no opinar, no presentarte a algo, no acercarte a alguien— o compensar: perfeccionismo, necesidad de aprobación, decir a todo que sí. Las dos estrategias alivian a corto plazo y las dos confirman, a la larga, la idea de la que querías escapar.

La autocrítica también tiene su lógica: parece que te protege de equivocarte o de relajarte demasiado. Pero cuando es el único tono con el que te hablas, no mejora tu rendimiento; lo que consigue es que cada paso cueste el doble.

En la emigración esto se acentúa. Pierdes buena parte de lo que te devolvía una imagen competente de ti —tu idioma, tu red, tu reputación profesional, saber cómo funcionan las cosas— y es fácil concluir que el problema eres tú, cuando lo que ha cambiado es el contexto.

Cómo trabajamos juntos

El trabajo no consiste en convencerte de que vales ni en sustituir pensamientos negativos por positivos. Consiste en cambiar la relación que tienes con esa voz crítica, para que pueda estar ahí sin dirigir lo que haces.

Empezaremos por un análisis de las situaciones concretas: dónde aparece la inseguridad, qué te dices, qué haces a continuación y qué te cuesta esa respuesta. A partir de ahí trabajaremos la toma de distancia de los pensamientos autocríticos y una forma de tratarte más justa, que no es lo mismo que ser complaciente contigo.

El objetivo no es que te sientas seguro/a antes de actuar. Es que puedas hacer lo que te importa aunque la inseguridad venga contigo: opinar, poner un límite, pedir, intentarlo.

Y daremos pasos graduales en esa dirección, elegidos por ti: las conductas que ahora evitas son las que, repetidas, cambian de verdad la forma en que te ves.

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